“Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación”.

Así comienza “La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula K.LeGuin, la gran escritora de fantasía y ciencia ficción.

Puedo decir que mi sueño de mi vida profesional se cumplió cuando obtuve una de las veintisiete plazas para biólogos residentes a los que optábamos centenares de aspirantes. Escogí el Hospital de Bellvitge y allí pasé los 5 años siguientes, formándome en la especialidad de Bioquímica Clínica y sacando adelante una tesina. Al acabar, encontré trabajo en un laboratorio de análisis de paternidad poniendo a punto técnicas de extracción y secuenciación de ADN. Más tarde entré en el laboratorio de análisis Labco-Synlab, donde llevo 8 años como facultativa.

Escogí las ciencias en el colegio, pero rechazar las letras fue una decisión complicada porque desde pequeña me encantaba la lectura. Como en nuestro sistema educativo no hay más remedio que optar por una y rechazar la otra, mi decisión supuso abandonar El Quijote y las rimas de Béquer. Hace algunos años descubrí con entusiasmo un campo donde podía unir ambos intereses: la divulgación científica. Primero, con las lecturas de los más grandes divulgadores, como Carl Sagan y Stephen Jay Gould, y luego, a través de medios en las redes, plataformas de divulgación como Naukas o de blogs de contadores de historias de ciencia. Si de ciencia sé, nada de cómo se teje una buena historia, así que decidí realizar un curso de comunicación científica, para conseguir que una historia de ciencia sea también una historia que transmita emoción. Y decidí crear “A cuento de las moléculas” para tener un espacio donde publicar los cuentos sobre ciencia. Porque si la ciencia nos ofrece la verdad, necesita de la imaginación para que llegue al lector.

Así pues, igual que Genli Ai en “La mano izquierda de la oscuridad”, trataré de escribir mis artículos de ciencia como si contara una historia.

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